Los cigarros electrónicos provenientes, principalmente, de China han abierto un mercado ilegal en México y las tabacaleras ya comienzan a mirar un nuevo negocio, aunque la crisis por el tabaquismo no termina y las consecuencias de los dispositivos electrónicos son inciertas para la salud.

Uno a uno, los visitantes van llegando a este establecimiento de comida en la zona centro de la Ciudad de México. A las 7 de la noche, llegan los miembros del club que reúne aquí, sobre todo, a mujeres y hombres jóvenes, con traje de oficina, otros con playera holgada y tenis. La indumentaria no importa, lo único importante es tener un cigarro electrónico para comenzar a vapear.

—¿Usted qué fuma si ya no utiliza tabaco?

—No somos fumadores, porque no fumamos cigarro. Somos vapeadores, dice el hombre que atiende el establecimiento y suelta una bocanada de vapor que se distribuye por todo el local, espacio que reúne a los miembros del club del vapo o cigarro electrónico.

Todos los días se reúnen en el mismo lugar. Muchos de ellos no se conocían entre sí antes de llegar al viejo restaurante popular, en el cual ya ni siquiera se consumen tantos alimentos. Ellos prefieren poner sus pequeñas botellas de líquidos de sabores sobre una mesa y comienzan a probar el vapor con nicotina.

—Yo dejé de fumar hace un año y ahora mejor compró líquidos de sabores. Yo ya no vuelvo a probar el cigarro, dice el hombre del local, mientras muestra su equipo electrónico y aconseja a los demás sobre cuál es el mejor vaporizador para iniciarse en este nuevo ritual urbano.

“Esos rituales conductuales que hace el fumador los recuperamos con el cigarro electrónico, como encender el cigarrillo, observar el humo, el cigarro en la mano, todos estos rituales son muy complejos, porque involucran todos los órganos de los sentidos: vista, olfato, tacto e incluso oído”, dice Guadalupe Ponciano Rodríguez, directora del Programa de Investigación y Prevención del Tabaquismo en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El cigarro electrónico se ha convertido en una nueva área de investigación para Guadalupe Ponciano y los especialistas en tabaquismo de México, ya que ha encendido los focos rojos sobre una nueva forma de adicción a la nicotina, cuyas consecuencias a la salud no han sido establecidas todavía.

“Es un juguete tecnológico muy atractivo para los jóvenes”, dice Rogelio Pérez Padilla, responsable del Departamento de Investigación en Tabaquismo y Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER).

El especialista del INER espera que los productos sean regulados por el bien de los usuarios y que no caigan en peligros por el desconocimiento de los propios dispositivos electrónicos y la manufactura de los líquidos saborizantes.

Los dispositivos electrónicos provenientes, principalmente, de China han abierto un mercado ilegal, ya que la venta, distribución y promoción de los dispositivos se encuentra prohibida en el país.

La actualización de la legislación vigente sobre el tabaco se perfila como una de las necesidades que tiene el país para controlar el nuevo comercio que se genera a partir de la venta de equipos electrónicos.

Las cigarreras no son ajenas a la nueva tendencia de consumo que prevalece entre los más jóvenes y también quieren participar de un negocio que despierta temores por las consecuencias que aún no son conocidas, mientras que la crisis del tabaquismo no ha terminado.

Un problema crónico

Los miembros del club de vapeo dejaron el tabaco recientemente. Muchos de ellos discuten la dosis de nicotina que deber ser aplicada al vaporizador para evitar la recaída en el cigarro convencional o de tabaco.

—El cigarro hace mucho daño, por eso yo prefiero vapear, dice uno de los jóvenes de traje que observa una vitrina con los últimos modelos de vaporizadores y líquidos de colores.

El uso del cigarro electrónico podría ser visto como un producto de bajo riesgo para alguien que fuma cigarros convencionales de manera intensa (dos cajetillas diarias, por ejemplo), pero como un producto de alto riesgo para alguien que ni siquiera tiene el hábito de consumo del tabaco y ya se ha iniciado en los nuevos dispositivos electrónicos, explica Rogelio Pérez Padilla, del INER.

El tabaquismo no es un problema resuelto en el país y el mundo. En México existen 14.3 millones de fumadores, y se estima que anualmente mueren 43,000 personas por enfermedades atribuibles al tabaquismo, lo que equivale a casi la mitad de los empleados de Philip Morris Internacional, lo que representa 8.4% del total de muertes en el país.

En 2009, la prevalencia global de consumo de tabaco es del 15.9% en la población de 15 años, mientras que en 2015 la cifra fue de 16.4%, de acuerdo con la Encuesta Global de Tabaquismo en Adultos México (GATS, por sus siglas en inglés).

El 12 de agosto de 2003, México firmó el Convenio Marco para el Control de Tabaco (CMCT), elaborado por la OMS, y en 2004 emitió la Ley General para el Control de Tabaco, la cual se aprobó en 2008.

Para tratar de paliar las muertes por Enfermedades No Transmisibles (ENT), los estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) establecieron el Plan de Acción Mundial para la Prevención y Control de las Enfermedades No Transmisibles 2013-2020, que plantea una reducción de un 25% de la mortalidad por ENT y 30% de la prevalencia de consumo de tabaco hacia 2025.

El consumo global de tabaco provoca más de 7 millones de muertes prematuras anuales, que incluye 600,000 decesos provocadas por la exposición al humo de tabaco de forma pasiva.

El tabaquismo es factor de riesgo de 6 de las 8 principales causas de muerte a nivel global.

Los consumidores han encontrado en los cigarros electrónicos una supuesta alternativa para dejar de fumar, aunque los especialistas piensan lo contrario.

Alvaro Pérez, funcionario de la Cofepris, asegura que no existe un producto electrónico para dejar de fumar, y reta a industriales, académicos y científicos a presentar ante la autoridad regulatoria el producto que logré evitar el consumo del tabaco.

Lo que sí es seguro es que hay incertidumbre por el uso de los cigarros electrónicos. Los líquidos saborizantes con o sin nicotina pueden resultar un riesgo para los consumidores, puesto que muchas veces se desconoce su forma de elaboración, así como la de los equipos electrónicos.

 

Vía: Alto Nivel

JOSÉ ROBERTO ARTEAGA