Tus pequeñas decisiones diarias.

Jeff Olson, en su libro The Slight Edge, señala que es importante poner atención en las pequeñas decisiones diarias, en las acciones cotidianas porque esas son las que construyen tu futuro y que en la vida puedes practicar disciplinas sencillas o cometer simples errores de juicio. Es igualmente fácil. Olson lo explica con casos muy concretos, como por ejemplo: puedes tomar todos los días un café que cuesta 30 pesos. No es mucho dinero ni notas que te afecte este gasto. Sin embargo, al final de la semana habrás gastado 210 pesos y el total gastado en estos cafés al mes será de 900 pesos. Las pequeñas acciones no se notan, pero tienen consecuencias. Pone también otro ejemplo: es tan fácil comer frutas y verduras como no comerlas. El impacto en tu salud no se nota de inmediato. Si hoy comes ensalada y prescindes de los alimentos fritos no verás una baja de peso inmediata. Sin embargo esa decisión diaria, en la que puedes adoptar una disciplina sencilla o cometer un simple error de juicio tiene consecuencias a lo largo del tiempo.
La sencillez de la pequeña acción que nos beneficia nos engaña y no le damos importancia; no parece tener trascendencia. Sin embargo, a lo largo del tiempo, una acción productiva va generando un “interés”, es decir, nos va acercando hacia la meta, mientras que un error de juicio repetido nos va acercando al fracaso. Es fácil ahorrar unos pocos pesos al día; es fácil hacer 15 minutos de caminata; es fácil leer 10 páginas diarias. Pero es igual de fácil gastar unos pesos al día; estar en la cama 15 minutos más cada día o no leer nada. Todos los días se nos plantean estas pequeñas opciones para tomar o no la decisión correcta, en cada una de las áreas de nuestra vida. Tanto los triunfadores como quienes fracasan realizan diariamente rutinas similares, como comer, dormir, trabajar, hablar, escuchar, relacionarse. La diferencia está en las decisiones que toman frente a cada una de estas rutinas. Todos tenemos 24 horas cada día, 168 horas a la semana: las condiciones son las mismas. La diferencia está en la toma de decisiones: elegir una sencilla disciplina o cometer un simple error de juicio. Es igual de fácil. Decidir bien requiere tener la perspectiva de que lo que se siembra en el presente es lo que se cosecha en el futuro. Las pequeñas acciones productivas que se repiten de manera consistente en el tiempo son la diferencia entre el éxito y el fracaso. Tú decides.
Tomado del blog del Instituto de ciencias de la felicidad.
Feliz y bendecido jueves