No todo te debe salir perfecto.

No hace falta que hagas todo perfecto.
De hecho, es imposible.
A veces nos acobardamos y no tomamos medidas ni realizamos acciones que podrían tener un desenlace satisfactorio por miedo a que no nos salga todo perfecto.
Muchos de nosotros tenemos la fantasía de que todo lo que hacemos debería ser perfecto para así jactarnos de nuestras cualidades y dar el ejemplo de cómo hay que hacer las cosas.
Si el grado de autoestima es el adecuado, esta no debería ser una actitud a adoptar, ya que no somos ni mejores que peores que los demás – simplemente, distintos, con cualidades y defectos como todos.
El hecho de quedarnos con los brazos cruzados por el temor a “fracasar” nunca es un buen compañero, ya que evita que obtengamos logros y avancemos.
Por otro lado, es común que quienes tienen padres exigentes se preocupen en demasía por cumplir con sus expectativas. Aunque sean grandes y ya no vivan con ellos, les quedó un “chip” interno que puede frenar la toma de decisiones por miedo a que el resultado no sea el deseado y no lograr obtener la aprobación de ellos.
También puede dar temor el “qué dirán los demás” ante una equivocación de nuestra parte en algo que algunos podrían considerar sencillo o habitual.
Tal vez sea por inseguridades, por presiones internas o externas o por otro motivo, pero lo peor es no hacer nada.
Anímate.
Todo tiene un riesgo, inclusive el quedarse inmóvil.
Quizá al accionar el resultado no sea el esperado al 100 %, pero siempre vale la pena intentarlo.
Estupendo día!